BIENVENIDA PORTABILIDAD BANCARIA

La portabilidad bancaria requiere tecnología, pero, sobre todo, datos. Y es que lo importante no es solo la capacidad de mover productos. Por sobre todo es poder acceder a ofertas de productos. Y para ello, la clave está en la portabilidad de los datos personales, en este caso bancarios.

La Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras ha anunciado como uno de sus desafíos centrales avanzar hacia la portabilidad bancaria. Aunque queda por conocer los detalles, se trata de una bienvenida iniciativa en aras de mayor competencia e innovación. Pero, como plateamos en una columna anterior, para que su alcance sea máximo, la clave está en ir por un concepto más amplio: la portabilidad de datos personales.

La idea básica detrás de la portabilidad bancaria es poder migrar fácilmente un producto de su banco a otro que le ofrezca mejores condiciones. Hoy esto se ve dificultado por altos costos de cambio y problemas de comparabilidad de precios. ¿Mover mi crédito de consumo o hipotecario? Costoso. ¿Y mi cuenta corriente o tarjeta de crédito? No sin cerrarlas y perder mis números y pagos automáticos asociados. Claro desincentivo al cambio, como lo muestra la experiencia de la portabilidad numérica en telefonía.

Situaciones como las anteriores hacen que el cliente quede atado a su banco. Esto limita la competencia, como muestra un detallado informe elaborado por la autoridad de libre competencia de Inglaterra (2016). El mismo informe señala que apenas un 3% de los clientes cambia anualmente de banco. Esto pese a existir sustanciales economías de moverse a las mejores alternativas disponibles.

¿Y si, con nuestro consentimiento, pudiéramos recibir en nuestro teléfono ofertas de otras instituciones sobre nuestros productos financieros y su ahorro asociado? Un simple click biométrico permitiría aceptar la oferta. Y, usando tecnología blockchain, migrar toda nuestra información, incluyendo números y pagos automáticos, de forma segura. Competencia a la vena. ¿No quiere recibir ofertas? No hay problema, libremente podría seguir operando “a la antigua”.

Este es el paradigma de la real portabilidad bancaria. Ella requiere tecnología, pero, sobre todo, datos. Y es que lo importante no es solo la capacidad de mover productos. Por sobre todo es poder acceder a ofertas de productos. Y para ello, la clave está en la portabilidad de los datos personales, en este caso bancarios.

En efecto, para que la competencia desde la oferta opere, es clave que el cliente pueda dar acceso al historial de sus datos bancarios a quienes quieren competir con su banco. A ciegas, es difícil que puedan hacerle ofertas atractivas. Es lo que ha venido impulsando el regulador inglés a través del criterio de “Banca Abierta” (Open Banking). Y desde la demanda, para estar dispuesto a moverse, es esencial que el cliente pueda migrar con toda su información, incluyendo sus números, pagos automáticos y un largo etcétera subsumible en un bloque de datos seguro. Todo esto exige interoperabilidad entre bancos y una plataforma estandarizada que permita el intercambio automático y seguro de estas capsulas de información.

A mediados de los 90´s Bill Gates lanzó una provocadora frase: “la banca es necesaria, los bancos no”. El tiempo dirá si tenía o no razón. En el intertanto, aprovechar al máximo la tecnología y moverse hacia una real portabilidad bancaria exige poner a la portabilidad de datos personales en el centro de la agenda.

Fuente: La Tercera (25/09/2018)

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